Después de muchos días la melancolía vuelve y
acosa
una felicidad efímera este día, la misma que ayer parecía que nunca desvanecería
proyectos llenos de propósitos, metas apiladas para alcanzar un sueño
una vieja pero nueva mano amiga me arrastra en un recorrido de lo que fue mi vida
y en conclusión: por más que alumbre el sol siempre una sombra me cobija.
una felicidad efímera este día, la misma que ayer parecía que nunca desvanecería
proyectos llenos de propósitos, metas apiladas para alcanzar un sueño
una vieja pero nueva mano amiga me arrastra en un recorrido de lo que fue mi vida
y en conclusión: por más que alumbre el sol siempre una sombra me cobija.
Y se pensará en una sombra cálida y fresca,
ahora que lo pienso en verdad lo es, ¿o no lo es?
cómo saber lo que te abona y rechazar lo que te resta
cómo inventar una operación de Baldor para desenrollar lo simple
como decir te amo sin herir.
ahora que lo pienso en verdad lo es, ¿o no lo es?
cómo saber lo que te abona y rechazar lo que te resta
cómo inventar una operación de Baldor para desenrollar lo simple
como decir te amo sin herir.
Y es el amor tan grande que en el todo se
encuentra inmerso
si amas sufres por un saludo, si amas suspiras con sus suspiros
si no amas todo pasa inadvertido, así que primero no amo y luego llegará el olvido.
Como entonces me vacío y me lleno de malvaviscos
esos esponjosos dulces deliciosos que pasan inadvertidos.
si amas sufres por un saludo, si amas suspiras con sus suspiros
si no amas todo pasa inadvertido, así que primero no amo y luego llegará el olvido.
Como entonces me vacío y me lleno de malvaviscos
esos esponjosos dulces deliciosos que pasan inadvertidos.
Y es que entre todos los dulces
nunca compro malvaviscos
quien ha puesto en palos alargados a los rechonchitos bajo el frío
sobre el fuego que derrite, o el chocolate que los baña
en una taza grande para recogerlos de dentro con cuchara.
Bendita sea no es ella un rechoncho malvavisco para comerla y desaparecerla.
quien ha puesto en palos alargados a los rechonchitos bajo el frío
sobre el fuego que derrite, o el chocolate que los baña
en una taza grande para recogerlos de dentro con cuchara.
Bendita sea no es ella un rechoncho malvavisco para comerla y desaparecerla.
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