martes, 30 de septiembre de 2014

MI PUNTO DE VISTA

El relato de una historia con dos protagonistas, son los mismos hechos pero distintas perspectivas, te presento aquí mi punto de vista.

Yo soy Juan, simple, a secas, solo Juan, tengo diez años, ahora me gusta pasar el día jugando en mi Super Nintendo, futbol descalzo en la banca de cemento afuera de mi casa, dar vueltas por el barrio en bicicleta con un icopor enredado entre las llantas, aventurarme a las orillas del rio, pasar el puente de la carrilera sin mirar el vacío, la casa del árbol que nunca tuvo casa, los patines en línea culpables de muchas burlas, las niñas aun no me preocupan. Tengo diez años repito, desde la fecha en la que los celebro faltan unos tres meses para dejar un año escolar atrás y de nuevo a la expectativa, la emoción de situaciones tan simples, tan llenas de alegría. La primera comprar los útiles escolares del siguiente año, escoger la caratula de mis próximos cuadernos, un portaminas, un nuevo morral; la segunda pensar en los compañeros que conocería cuando terminara la aventura de verano. La rectora nos comunica que quien asegurará el cupo para el próximo año de estudios lo incentivaban (de una manera poco convencional y bastante subliminal) plasmando su nombre completo, con ambos apellidos, al lado el grado al que pasaría, en una pared expuesta a la salida del colegio. En estos últimos días de quinto, a eso de la una, hora de salida, me gusta observar aquella pared que muchos nombres tiene en busca de quien entraría el próximo año, a quien iba a conocer, unas inexplicables ganas de adelantar el día en el que de nuevo vería a mis amigos, a los compañeros nuevos. Día normal, después de clases una parada en el muro (la primera red social que conocí), un nombre, el de una niña, grado escolar entre paréntesis (6) ¡sexto! no le daba forma humana a su nombre y apellido, la quiero conocer.

De nuevo yo, Juan, los mismos diez años y unos meses más de vida, mi primer día de clases: saludos, historias, risas, ninguna cara desconocida. “¿Qué paso con esta niña? Esa, la de apellido comestible” alzo hombros, ni idea, quien sabe que le pasaría.  Pasa un mes, sin punto aparte, un aviso el salón recibe: “muchachos entra una nueva compañerita”. Es ella, eso creo, corriendo hacia la puerta junto con otros entrometidos entre empujones asomo y observo tres caras pálidas, una de las dos niñas de cabello ondulado, el niño con cara tímida y la otra, a quien llamaré “Ella”, de pelo liso y corto con la sonrisa en sus ojos entreabiertos, como los de una chinita. Entra a clases, la presenta la rectora: “niños ella es su nueva compañera, preséntate…”, sabía que era ella, la niña de la pared, lo sabía.

“¡Juan! tienes que hacer de Romeo, improvisa algo, te figuro mijito” una profe me decía mientras a la idea me hago que el principal papel tengo, aunque Julieta (la de los ojitos chinos con el cabello ahora un poco más largo) no me gusta, pero soy Romeo, ¡qué más da! Estoy en séptimo grado, hoy se presenta una obra de teatro “Romeo y Julieta” y un personaje absurdo me había tocado, de no ser porque el que hacía de Romeo le dio miedo darle un besito a Julieta delante de todos. Como nada me sé de las frases del héroe, me figuró leer, ya el escenario lo manejo, cuantas veces no he dicho poesías, solito solo. Ya en la faena improvisaría un poco, Julieta impecable, se lo sabía todo. Pienso en que se ve muy bonita la verdad, ahora se viene el beso, de nuevo, me figuró. Me preocupa un poco que la chica de octavo que me gusta se enoje, pues ella no me besa, pero mantengo la esperanza de que pronto lo haga. Más cerca el esperado beso, era el final de la obra, aforo total en el patio del colegio, grandes y chicos en círculo a mi alrededor mientras sostengo a Julieta, tomo el veneno, ella ya está muerta, tiene el color de piel y todo, ¡qué buena actriz! (se debería dedicar a esto). Preparado para besar en 3, 2… miro su boca, está totalmente quieta, pienso: “¿si la beso le gustará?” Nunca hablamos de eso la verdad, a lo mejor y se enoja, mejor respeto y busco otra opción, que los labios algo los separe, no hay nada a mi alrededor, solo silencio, suspenso. Con una mano sostengo su cabeza, con la otra, nada, ¡esta es! Pongo mi mano en su boca y de seguido un beso sombre los nudillos. “NOOOOOOOOOOO” exclama el público en un grito ensordecedor, unánime y decepcionado de la mejor escena de la obra literaria de romance en la historia de la humanidad que yo acabo de ridiculizar, solo me rio y pienso: “Mierda, ahora que digo” miro a Julieta, esta reída pero en sus ojos tenía esa(que no sabes describir exactamente) expresión me hace sentir un bobo, le hubiera dado un beso, seguro otra sonrisa tendría (tal vez de pena, no imaginaba lo mucho que me iba a arrepentir de esto, pudo haber sido nuestro primer beso, como el de Romeo y Julieta: para la eternidad). Elegí cambiar la historia, a todos le dije que cuando justo iba a darle el beso ella la boca estiro, con el deseo que yo la besara. Muchas risas, su cara enfurecida: “¡Mentiroso!”, funcionó.

Un día entre semana, a eso de las cinco de la tarde, voy en mi bicicleta, acabo de salir de entrenar futbol en las canchas de la piscina semiolímpica, paso en frente del estadio de la ciudad y veo gente caminando raro, como cangrejos con espadas, o bueno algo parecido a una espada, veo una niña en licra y camiseta blanca de cuello redondo, no recuerdo haberme fijado en un par de piernas antes, en las piernas de alguna mujer, me detengo, miro bien, que lindas piernas y lo mejor era como se veía la parte en la que terminaban, de abajo hacia arriba digo, no sus pies; unos segundos más, busco su cara, ¡sorpresa! La niña de ojitos chinos, la del cabello que ya no era corto y ahora la de las piernas lindas.

Octavo grado, un buen grupo, ando con mi combo, “me siento súper bien, motivado y listo para dar la ronda” (dice una canción de reggaetón de la época). Mis intereses similares, videojuegos, futbol y ahora: niñas. Ella está súper linda, ¿será el encanto que encontré en sus piernas? Hay dos compañeras que me gustan, pero ella, ella me gusta no por lo que me gustan las demás, era raro. Mi decisión ahora, decirle lo que siento, que sea mi novia, seguro no es tan difícil hacerlo, tengo la confianza y poca timidez para lograrlo. Comienzo con bromas tontas, con piropos camuflados entre burlas. No están funcionando. Alguien más se fija en ella, otro compañero, ¡otra vez no! Por segunda oportunidad el galancito este se me quiere adelantar con alguien que me gusta y lo peor, las dos se llaman igual, hijue!·$%&. Dicho y hecho, el galán gano, el gordo perdió. Van pasando los días, ella me sigue gustando, pienso que ya es demasiado pero me cuesta evitarlo, me gusta su sonrisa, como se le ve la falda del uniforme, me encantan sus carcajadas, me vuelve loco su indiferencia, muero por sus piernas. Me enamoré… Mierda, ¿será amor? No la puedo dejar de ver. Pienso en buscar ayuda, su mejor amiga, me dice que la ignore, que a ella le gusta que la traten mal, eso voy a hacer. Hoy, la perfecta ocasión, me encuentro sentado detrás de ella con el que me la arrebato antes (no entiendo por qué), voy a decirle que es una boba, que eso pienso de ella, la voy a conquistar con eso. Mala idea, no le escribí solamente boba, me pasé, la hice llorar y me siento fatal. Yo no soy así, yo la quiero y de esa forma la voy a tratar, un presente, completa incondicionalidad, le voy a demostrar que de verdad me gusta. Tras varias ocasiones en las que algo le regale, llego el primer rechazo, una pulsera de plata que mi mamá  me dio cuando le dije que una niña me gustaba y que la quería conquistar, demostrarle lo que siento; ella la rechazo, la ira se apodera de mis movimientos, frustrado tuerzo la pulsera entre mis manos y luego la lanzo al techo más cercano, incrédulos los espectadores, en especial el mono, de mi falta de cordura (la impulsividad que me caracteriza en su estado más puro). La rabia de solo un día, con verla al siguiente todo olvido, soy un imbécil. Ahora no estoy solo enamorado, ya me veo desesperado por conquistarla, deje de hacer lo correcto y respetar hace un buen rato. Todavía en el mismo grado, octavo, 14 de febrero del año 2002 en la mañana, maquino un plan para robarle un beso, una artimaña de las más bajas, decirle que le tengo una sorpresa, que cierre los ojos y enseguida un beso sin esperarlo. Dicho y hecho, consigo ayuda, la mejor ayuda, de su confianza, ella le va a tapar los ojos mientras yo actuó, aprovecho un momento de distracción del salón, todos charlan, la alejo con mi cómplice, abro mi maletín y pido cierre sus ojos, nuestra celestina se los tapa y mi oportunidad en bandeja de plata, ella al principio muy seria, luego risueña, enseguida entre la prisa y la emoción el beso se lo zampo no en sus labios, sino en sus dientes, vaya primer beso… No se enojó demasiado, pero se nota que no le gustó. Aquel 14 de febrero para no olvidar. Octavo grado, con tan solo trece años me enamoré. Soy un precoz sentimental. Estos son tan solo unos pocos sucesos ocurridos en la mañana de mis días. Viene la tarde y con ella las ansias de verla, de escapar en moto a recogerla, de invitarla un helado, de robarle su tiempo, de no poder salir de casa sin pasar por la calle en la que vive, un policía acostado, creo que el que más veces he pasado por encima en mi vida, la esperanza de verla, de que pareciera un encuentro inesperado. A estas alturas del partido en muy poco tiempo no sé cuántas cartas le he escrito, los suspiros mientras la observo, no sé si fueron suficientes “te quiero”, estoy seguro son tantos como las veces en que un “no” salía de su boca. No entiendo por qué sucede esto, no soy el más atractivo, pensaba en que era un niño bueno, pero eso nunca gusta, gusta ser delgado, algo malo, algo que interese, para un hombre tierno mejor tener un peluche. Me auto diagnostiqué Alzheimer pasajero, la causa era ella, no entiendo cómo no me deja de hablar si prácticamente la acoso, pero ella siempre me sonríe, por qué diablos no lo deja de hacer… Recuerdo aquellas tardes en su cuarto cuando muchos pensamientos compartíamos, de ella nada olvido, todas sus palabras grabadas con tinta fina en mi frente amplia, para mencionar algunos en especial dos: en sexto cuando entró al colegio muchos niños le atraían, yo uno de su larga lista, no me importaba, eso me confortaba cada vez que la desilusión de un rechazo aparecía. El otro cuando soñamos niños un hogar de viejos, me dice que a mi lado se veía y que le agradaba. Como matar una ilusión si me dice esto, una promesa al aire: no importa cuánto tiempo pase, por ella esta y siete vidas más esperaré.

Llegaban las vacaciones de fin de año escolar, un espacio perfecto para olvidar, con trece años la calle me atrae, no verla todos los días lograba ocultarla de mi panorama.

Primer día de noveno, llego temprano al colegio como de costumbre, renovado, soy alguien nuevo, sonriente y con sucesos para contar a mis amigos en la mente. Llegan los primeros compañeros, llega ella entre ellos. El corazón pum-pum-pum-pum, electrocardiograma activo, a un buen ritmo, imagino que decirle ahora, como comportarme cuando ella observa. Que linda está, ahora era una niña popular, ya más compañeros la miraban, ya otras mujercitas, incluso las mujerviejas la envidiaban. Este va a ser un año prometedor. Segundo día, me levanto y en mi cabeza: “hoy voy a verla”. Tercer día, el mismo pensamiento. Cuarto, decimo, un mes, primer periodo académico, cerca diciembre, todavía el mismo deseo cada que despierto. No ha cambiado nada, sigo sintiendo lo mismo, impotencia, una angustia reprimida. Las cosas no se me están dando bien en este grado, tengo problemas de autoestima, el sudor moja mi camisa, el desodorante mancha las axilas de la camisa, aparece un mal olor que me angustia, no estoy bien, nada me sale bien, algunas niñas se burlan, escucho risas por detrás y siento todas son por mi problema, no es mi culpa, yo me baño a diario, la inseguridad aumenta y la autoestima más baja, esto es para querer la tierra escavar… Tardes de reuniones con mis compañeros, hoy vamos a una actividad de alfabetización en otro colegio, al finalizar vamos a casa de uno de ellos, jugar pico botella, me ilusiona lo que pueda pasar. Empieza el juego y esta el niño nuevo que se roba su mirada, turno para ellos, primer beso en mis narices, corto, bueno es un juego. Segundo turno, de nuevo para ellos, ¡que rabia!, sufre Juan, ahora es un beso más largo, sonrisas después de hacerlo, esto ya me está molestando. Después de un rato llega mi turno con ella, le daría un pico, ya todo se me olvida, me acerco, ella renuente, antes de poder besarla, termina el juego, mi mamá en la calle pita para que con ella me vaya, me siento fatal. ¡Que se acabe este año ya!, son más las cartas, son más las cargas, la ceguera, las ganas de no verla más son tantas como las de estar cerca de ella, de mantener en su casa, de hablarle, de llamarla, ahora soy algo como su mejor amigo, un infierno de mentira, oprimido y sin salida. Decidido, el próximo año no sigo más con esto, no aguanto más. Mi mente solo idea maneras de llegar a ella, busco sus amigas, a una profesora, que lastima doy, que arrastrado me muestro y lo poco que me importa, tan poco como me siento a su lado, no me la merezco, ella es perfecta. Su nombre y el mío escrito en todos mis cuadernos, sueños de un puberto (que buen título para un escrito).

Vacaciones, quiero olvidar lo que paso este año. Otro colegio me espera. Qué alivio siento, mi mente se despeja poco a poco, la veo de vez en cuando, soy fuerte y eso me ayuda.

Fin del bachillerato, fin del curso, pronto me gradúo. Pronto cada uno coge su camino, de este año escolar solo quiero mencionar dos recuerdos, el primero cuando me cuenta (por ser la mentira más grande que me he dicho: “su mejor amigo”) que le gusta alguien del mismo curso, de nuevo la resignación, aceptación y decepción. El segundo recuerdo: verlos juntos, la pareja del salón, dos locos perfectos el uno para el otro, dos personas que por momentos sentía odiar. Celos y envidia, ya que más da.

Me quiero ir, quiero escapar de esta realidad, renovarme en otro lugar, mi casa se encoge, la chica de mis sueños ni en ellos ya era mía.
Recuerdo tan solo una vez besarla porque ella lo quería, un premio de consolación a mi paciencia, mi constancia, el aguante, a la venda puesta cuando la miraba, en la poca razón que me gobierna cuando hablo, cuando pienso: porque esta ella todo el tiempo.

Tres años llevo ausente en otro país, a miles de kilómetros de distancia de sus encantos, de sus dientes blancos, de sus abrazos largos, de todo lo que me recordaba a ella. Algunas veces la he llamado, conservo la fotografía que alguna vez me regaló, donde aparecía con sus cejas gruesas, donde escribió lo que acordamos aquella vez en su casa: el 27 de octubre del año 2009 a las 4pm tendríamos una cita, nos veríamos en el tren de Chipichape para saber de nuestras vidas. No asistí a la cita, muy lejos me encuentro ahora.

De regreso a mi tierrita, ya no era el simple Juan, el mundo me arropaba con una realidad superficial, ya no escribo, ya no leo, ya no suspiro por nadie, ya no sufro por amor. Sin muchos deseos de verla, cualquier día que ocurriera estaría bien. La pienso muchas veces, siempre la llevo entre ceja y ceja, pero ahora en ocasiones sentía rabia. El día de mi cumpleaños, el primero cerca de mi familia aparece ella y mis dos más queridos amigos la acompañaban para acompañarme a celebrar otro año más de vida. Sobre los sentimientos de ese día una cadena los ata, intentado escapar pero ahora controlados, otros asuntos me importaban. Algo que imposible me parecía: su pureza, una felicidad infundada, agradecía que todavía la tuviera.

Hoy me informan de un reencuentro con los compañeros del colegio, ya en la noche es ella mi protagonista. ¡Que hermosa está! No entiendo como nunca la veía fea. Buena noche, nada en especial, aunque recuerdo cada detalle de su atuendo, pasemos al siguiente día. En la ciudad donde nos conocimos, estaba cerca en casa de su mejor amiga, oportunidad para verla. Salimos, charlamos, algunos abrazos, coquetería. ¡Dios Santísimo dime que no es mentiras! Por primera vez desde que la conozco esto pasa, no era ajena a mis halagos, su mirada todo lo decía. Me perdí, de regreso a octavo grado, las cadenas a los sentimientos sin candados, vi una puerta medio abierta, quería abrirla toda, por esa mujer me muero, por esa mujer todo lo daría. ¿Qué va a pasar ahora? No me suelo confundir con estas situaciones, siempre seguro de mi comportamiento, de nuevo el puberto conquistando, el simple Juan en escena, al asecho, a la espera de una oportunidad. Los siguientes días se resumen en una oración corta y literal: hoy si, mañana no. En una semana tal vez, no sé, seguro me dirá de nuevo que no, nadie sabía, ni siquiera ella, pero era la que decidía, mi decisión la tomé por allá hace mucho, ¿se aprovechó de eso? Ella me empujo al abismo de mi adolescencia luego lanzaba una cuerda, cuando cerca me sentía, ella la soltaba, no toda, pero me advertía. Pasamos un fin de semana de ensueño, paseo a un pueblo con mi leal amiga y su pareja, en un principio sin expectativas (mucha loción por si las moscas), sin saber lo que la noche me tenía preparado, al amor de mi vida, en su esencia más pura, para que viviera y sintiera lo que es agarrar un sueño, hacerlo realidad y no más fantasías. La noche juntos, bailamos delicioso, perdido en su sonrisa desde la pista hasta la cama en la que más tarde dormiría. Llega el momento esperado, ella sola, nada más que su respiración, oscuridad, siluetas, dando rienda suelta a los sentidos, su aroma me cubre, sus piel me eriza, su boca endulza la mía, besos extraños, solo placer sentía, todo lo daba, cada recuerdo, cada caída, cada carta la repetiría solo por ese momento, solo por tocar sus senos, solo por sentirla mía. Éxtasis, el sueño no podía con este clímax, en mi mente solo detener el tiempo, morir allí y vivir por siempre sin nada más que ella, que el sol no saliera, la vida entera la tenía entre mis brazos, respiraba de su aire, me alimentaba de sus besos, nada más pedía. El sueño en aquel lugar quedó, un recuerdo para siempre en mi mente: el día en que soñé despierto, como la primera vez en que creí tocar el cielo. Pronto todo terminó, ella como siempre tomo la decisión, una vez más un no, una vez más dolor, del amargo, esa palabra como ninguna otra me marcó (que ironía, me dice en estas fechas en las que escribo estas palabras que yo pretendo se haga todo en mis tiempos, cuando yo lo quiero). Las tardes en Kyna, las salidas de películas, ratos con amigos, el calor de su cuerpo en mi espalda sobre la moto, la noche en la rueda, la despedida de una amiga, todo para el recuerdo, ese baúl sin fondo y sin techo. Resignado nuevamente, llego de nuevo un cumpleaños, invitación de su parte, un lugar llamado Macondo (esperaba nunca fuera allí con otro hombre, una tonta y falsa expectativa). Primera vez en San Antonio, esa era ella, la de pocas palabras y lugares únicos. Cuando estuve minutos antes en su casa le pregunté si le afectaba el hecho de que con otra persona yo salía. Sus palabras como siempre cortas, no decía nada, siempre sonreía, para qué darme importancia, solo frases desconcertantes, que me impulsaban a tirar todo y de nuevo perseguir su sombra, a buscar tocar sus manos que no eran para un amigo, solo para su amado. Ese día me lo dedico a mí, me regaló su tiempo y atención, un gorro, un plato, un lugar, una canción. Fue genial (expresión de ella).

Pasa el tiempo, una nueva novia, es buena, pero no es mi anhelo. Todo el tiempo me encuentro convencido que un día más con otra mujer, era un día más lejos de ella. Las ganas de buscarla entre canciones y recuerdos no me abandonan, mi corazón es suyo, es difícil para esa persona que se encontraba a mi lado, seguro lo sabía, pero es algo con lo que doy por hecho cualquier otra distinta a ella padecería, padecerá. ¿Qué karma estoy pagando? No recuerdo abandonar alguien que me profesara un amor tan grande y que yo lo haya ignorado tanto.

Otro diciembre se asoma, de nuevo ella, la protagonista de esta novela, una salida, un rato alegre y al final un nuevo trago (ojala solo hubieran sido del café) amargo, ella espera pronto ver al amor de su vida sin comprender que a quien se lo decía todavía la aguardaba, había prometido esperarla toda su vida ¿Dolor? Ya me considero masoquista.

Finales de año, un “pico” de navidad apareció, una llamada pidiendo la sacara del lugar donde se encontraba con aquel amor de colegio, otra mujer lo acompañaba ¿Buscaría escapar? Nunca lo sabré, fue suficiente con desear mi compañía. Aquellos pensamientos no me perturban, no son muy altas mis expectativas esta vez, no se sufre sobre lo sufrido, no se olvida lo aprendido. Poco tiempo a mi lado cuento con tenerla, solo pienso en disfrutarlo, seguro que pronto se aburre, seguro un nuevo no de su boca saldría.

30 de diciembre del año 2012, celos malditos celos al ver un payaso sin saber lo que pretendía al buscar hablar solo con ella cuando se encuentra conmigo, pero bueno, no somos nada, que puedo decir; sin embargo ya no quiero callar nada, me decido y suelto el mismo cuento: “No me aguanto esta incomodidad de no saber que somos, planeaba pedirte mañana seas mi novia, pero esta situación lo merita”. Silencio, mirada al cielo perdida. Esta vez no fue un “no”, pero si algo así parecido.

El 2012 se fue hace unos minutos, 01 de enero (ese día mi vida cambio), 00:05 min, “¿Quieres ser mi novio?”… Todo lo que he escrito a mi cabeza: “no, no, no, no, no, no ¡dile que no!”. “Si quiero…” y lo que sucedió desde ese momento es historia para otro cuento, para otro día.

Hoy no me siento Juan, el simple Juan para ella, comencé a escribir a eso de las cinco, hace exactamente diez días fue su cumpleaños. ¿Por qué cuento esto? Porque ya no estamos juntos, este es mi punto de vista de lo que viví desde el año 1999 cuando la conocí, son hasta la fecha aproximadamente unos dos meses y quince años, al cual si le resto el tiempo en que una relación de amor nos unía, 589 días, son unos trece años, seis meses, 15 días de los cuales, aun dedicando el resto de mis días de insomnio, jamás terminaría de narrar historias juntos, las horas compartidas, las veces que la pensé, las veces que la soñé, las que imaginé estar juntos, en que las la quería odiar, en las que no podía dejarla de ignorar, en las que amé, de alguna forma u otra, distante y a centímetros, en mi mente o en mi vista, pero amé.

No podría sopesar en mis manos y dar un balance sosteniendo en una recuerdos tristes, en la otra los felices, fueron tantos e incontables los unos y los otros. No es una tragedia, tampoco una comedia, es solo una historia real para mí, es otra para ella. Razones para olvidarla muchas, pero las que me mantienen firme son más fuertes, son razones puras. Gratitud le debo, no por nada pienso en que hasta el final de mis días siempre será la mujer de mi vida, de mi espíritu cuando sea eterno.
La amé y no en pasado distante, estoy hablando de ayer, y ese día ya se fue, ya van 33 minutos transcurridos del 30 de septiembre de 2014, con poco tiempo para descansar, mañana todo continua y a ella con ganas de dejarla aquí atrapada entre estas letras, buscando sacar su hermoso cuerpo de mi cabeza para quizás, tan solo, algún día recogerla cuando su voz a mi corazón le diga: también te extraño, ahora escucha mi punto de vista.

Comentario personal: más personal que este relato un comentario nunca podrá ser. Por fuera de las líneas arriba escritas, quiero plasmar este sentimiento que me invade y es tal vez de impotencia y de saber que son mentiras. No quiero alardear por lo que he hecho por ella, no quiero que parezca prepotente e indignado pero pienso: muchas veces me sentí por debajo de su mirada, no digno para ser su amado, recuerdo que imaginaba el hombre que conquistaría su corazón sería tal vez un príncipe de esos de verdad, de esos que tienen clase y educación, de los que son atractivos por naturaleza, de los que su castillo se encuentra en un país lejano, de una cultura muy distinta, que la cautivara con la promesa de un sueño eterno a su lado, de ser ella su doncella. Tal vez no soy aquel príncipe, ni siquiera tal vez, soy un hombre tan alejado de esa realidad como la luna se encuentra del sol, sin embargo, aquí estoy al pie de cañón, de nuevo con la frente en alto, corrigiendo y enmendando con el perdón de Dios, aguardando su mirada, la verdad sigo esperando una disculpa, soportando su posición hasta que su ego se encuentre a tope y deje de buscar ser el centro de la miradas de otros hombres, cuando no solo tiene la mía, tiene mi alma, le regalé mi vida; sin embargo no soy ese soldado que se arrastraba en las trincheras buscando una salida, la que fuera, de amor o desencanto, buscando estar frio o caliente pero siempre me mantuve tibio. Por eso escribo estas palabras, por eso no descansa mi razón, porque no permito que sea ella quien decida el rumbo, porque ahora entiendo que el amor es una decisión, y así como a diario siempre elijo amarla, a diario puedo empezar a trabajar, no en olvidarla, pero si en no amar, no amar a Diana. Esa actitud desinteresada y un “ok, bye” ya no lo soporto, porque es o no es, porque ser o no ser si es la cuestión, porque ya no tengo quince años, porque no soy un desconocido, porque decir: gracias, lo mismo, discúlpame, que estés bien, cuídate, buena suerte, etc. cuesta tan poco, y si es muestras de cariño o de melancolía lo que se evita, esas palabras tan solo dicen lo que significan. Es ella la mejor mujer que he conocido, es ella la única que en mi vida merece cada segundo depositado, cada palabra escrita, cada noche en vela, cada día de mi vida. ¿Pero acaso no la merezco yo? El lugar que cada día sumergido en ella no me di, no por su culpa y sí por la mía, solo porque así lo permití, pienso dármelo ahora y si no es así, todo ese tiempo depositado que nunca pienso fue en vano lo vacío lo dejo libre para ella, la que sea el propósito de Dios en mi vida, para empezar de nuevo y sin exagerar una nueva historia.

“esto de no ser más / de terminarse
tiene algo de aventura o de presidio
del ocaso al acaso media un palmo
de la nada a la nada va una vida”

Como si nada – Mario Benedetti

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