En el inmenso verde valle se divisa
el río Marajena, donde habita la familia Neptuno, descendencia del gran sapo
Nes, el ancestro que llego a las aguas de esta planicie medio siglo atrás traía
consigo en su gigante buche cantidad de larvas, pequeños renacuajos para los
que buscaba un hogar, formar su comunidad, un linaje de los sapos que venían de
donde nacía el río, aquel lugar de donde partió.
Ahora son otros tiempos, la
comunidad es gigante, los sapos reinan estas aguas, el legado y los principios
del gran Nes se mantenían, pocas historias, solo esta se conoce, la de un sapo
que emigro del estanque. Un pequeño de nombre Nestú, llamado así en honor a su
antecesor, cumplía 16 años junto con treinta hermanos más. Sin embargo este
pequeñín no paseaba donde lo hacían los demás, no lo llena solo nadar, él
quiere saltar, buscaba escapar con rumbo al lugar donde los grandes sapos
nacían. En su rutina matutina suele ir a la orilla más lejana del rio, allí
siempre estaría solo, intentar un salto, lo que soñaba de noche y alucinaba de
día.
De su conocimiento eran los peligros
que asumía en aquel reto, en el intento por lograr su meta, la tarea que
debería realizar para su cometido: saltar y tan solo saltar. Pobre sapo, su
especie no lo hacía, solo danza en el agua, en la arena se arrastraba y en las
piedras siempre encuentra el final de su travesía.
Era terco, es un renacuajo todavía,
convencido en que de alguna manera el gran Nes lo pudo, alguna hazaña, algún
truco. Ese sueño lo gobierna, al idealizarlo su corazón latía, apuesta en ese
anhelo el resto de su vida. Aferrado al sentimiento, un día este pequeño
mientras el cielo repasaba, una sombra lo cubrió sin poder ver nada, el sol
sobre sus pupilas… Zassss! Un sonido tan fugaz como lo que se tardó un alado en
tomar de la patas a este renacuajo, que nunca saltó pero ahora voló. Tres
segundos tardó Nestú en entender lo que sucedía, hacia su muerte, sin
despedirse de la gallada, sin que nadie supiera lo que le pasaría. Miedo, dolor
en sus patas, angustia por sus hermanos, por la familia que ya no vería,
bendito el pensamiento este que ahora logra acercarlo al lugar que anhelaba,
pero morir eso no lo tenía apuntado para este día.
Diez minutos en el aire, solo
arboles observaba en el plano y el rio, que poco se asomaba, pero nuca lo
perdía de vista. Aceptando entonces su partida, lloró y un suspiro por el sueño
que no alcanzó, su deseo ya no es el objeto del destino, ya era simple alimento
para el inoportuno alado. Entonces un inesperado viento, una fuerte sacudida al
águila confundida, el depredador su presa perdió en el vacío, el sapo en caída
libre sorprendido, la montaña donde adentro nada se observaba, del interior del
su espeso bosque muy poco se sabía.
-“¡Perfecto!” Pensaba con sarcasmo
el sapo, ahora no será comida, ahora sobre una piedra quedará una piel muy
fría. ¡Plas! Era de agua su colchón, clara y limpia como su cara cuando del
estanque salía, increíble, este pequeño no imagina lo que le pasaría, cuando un
sapo llega al lugar donde el río Marajena nacía, el templo donde los valientes
sapos caen un día y cuando todo lo importante aprenden, el héroe de una nueva
comunidad al mundo partiría.
Comentario
personal: Cuando en tu vida desees algo con
fervor y convicción no abandones nunca tu objetivo, no pierdas la fe aunque la
situación apreté, es allí donde se encuentra el verdadero reto, donde más firme
tu convicción con Dios debe estar, porque solo Él conoce tu corazón y tus anhelos,
porque tiene un camino para ti y es perfecto.
Esta foto fue tomada en la ciudad de Leticia (Amazonas colombiano), esta miniatura nunca se inmuto con mi presencia fotográfica.
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