lunes, 29 de septiembre de 2014

EL CAMINO DE UN GRAN SAPO

En el inmenso verde valle se divisa el río Marajena, donde habita la familia Neptuno, descendencia del gran sapo Nes, el ancestro que llego a las aguas de esta planicie medio siglo atrás traía consigo en su gigante buche cantidad de larvas, pequeños renacuajos para los que buscaba un hogar, formar su comunidad, un linaje de los sapos que venían de donde nacía el río, aquel lugar de donde partió.

Ahora son otros tiempos, la comunidad es gigante, los sapos reinan estas aguas, el legado y los principios del gran Nes se mantenían, pocas historias, solo esta se conoce, la de un sapo que emigro del estanque. Un pequeño de nombre Nestú, llamado así en honor a su antecesor, cumplía 16 años junto con treinta hermanos más. Sin embargo este pequeñín no paseaba donde lo hacían los demás, no lo llena solo nadar, él quiere saltar, buscaba escapar con rumbo al lugar donde los grandes sapos nacían. En su rutina matutina suele ir a la orilla más lejana del rio, allí siempre estaría solo, intentar un salto, lo que soñaba de noche y alucinaba de día.
De su conocimiento eran los peligros que asumía en aquel reto, en el intento por lograr su meta, la tarea que debería realizar para su cometido: saltar y tan solo saltar. Pobre sapo, su especie no lo hacía, solo danza en el agua, en la arena se arrastraba y en las piedras siempre encuentra el final de su travesía.

Era terco, es un renacuajo todavía, convencido en que de alguna manera el gran Nes lo pudo, alguna hazaña, algún truco. Ese sueño lo gobierna, al idealizarlo su corazón latía, apuesta en ese anhelo el resto de su vida. Aferrado al sentimiento, un día este pequeño mientras el cielo repasaba, una sombra lo cubrió sin poder ver nada, el sol sobre sus pupilas… Zassss! Un sonido tan fugaz como lo que se tardó un alado en tomar de la patas a este renacuajo, que nunca saltó pero ahora voló. Tres segundos tardó Nestú en entender lo que sucedía, hacia su muerte, sin despedirse de la gallada, sin que nadie supiera lo que le pasaría. Miedo, dolor en sus patas, angustia por sus hermanos, por la familia que ya no vería, bendito el pensamiento este que ahora logra acercarlo al lugar que anhelaba, pero morir eso no lo tenía apuntado para este día.

Diez minutos en el aire, solo arboles observaba en el plano y el rio, que poco se asomaba, pero nuca lo perdía de vista. Aceptando entonces su partida, lloró y un suspiro por el sueño que no alcanzó, su deseo ya no es el objeto del destino, ya era simple alimento para el inoportuno alado. Entonces un inesperado viento, una fuerte sacudida al águila confundida, el depredador su presa perdió en el vacío, el sapo en caída libre sorprendido, la montaña donde adentro nada se observaba, del interior del su espeso bosque muy poco se sabía.

-“¡Perfecto!” Pensaba con sarcasmo el sapo, ahora no será comida, ahora sobre una piedra quedará una piel muy fría. ¡Plas! Era de agua su colchón, clara y limpia como su cara cuando del estanque salía, increíble, este pequeño no imagina lo que le pasaría, cuando un sapo llega al lugar donde el río Marajena nacía, el templo donde los valientes sapos caen un día y cuando todo lo importante aprenden, el héroe de una nueva comunidad al mundo partiría.


Comentario personal: Cuando en tu vida desees algo con fervor y convicción no abandones nunca tu objetivo, no pierdas la fe aunque la situación apreté, es allí donde se encuentra el verdadero reto, donde más firme tu convicción con Dios debe estar, porque solo Él conoce tu corazón y tus anhelos, porque tiene un camino para ti y es perfecto.


Esta foto fue tomada en la ciudad de Leticia (Amazonas colombiano), esta miniatura nunca se inmuto con mi presencia fotográfica.

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